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Una ley promovida por la guionista de Mentiras y gordas

diciembre 21, 2010

En efecto, en estos momentos se habla sobre la Ley Sinde en el Congreso. La verdad, una tiene muchas lagunas respecto al tema. Me viene a la mente aquella época en que grababas las canciones de la radio en una cinta, y las escuchabas hasta que caducasen, sin que ello supusiera la quiebra de ninguna compañía discográfica. Bonita época en la que primaba el hacerse oír ante el hacerse rico.

Por lo que tengo entendido, Internet es la red de redes en la que la máxima es la compartición de contenidos. Hasta ahí bien, con esta ley se respeta ya que los servicios debitorrent (Ares) o Emule no sufrirán ningún perjuicio puesto que se basan en poner a disposición de otros lo que uno tiene guardado en su ordenador, y por lo que supuestamenteha pagado. Eso sí, el número de contenidos a nuestra disposición se verá mermado por el cierre de tantas webs que alojan música y vídeo por los que no han pagado.

Entonces, con que uno sólo compre un disco, puede seguir distribuyéndose hasta el infinito. Ahí entra la parte crítica del asunto, la limitación de descarga por parte del ADSL. Esta es la parte que, a mi parecer, atenta verdaderamente contra nuestra libertad, a pesar de que la tiñan de solución al colapso del tráfico y otros aspectos que, haciendo un análisis global, parecen más bien secundarios. Si yo he pagado por mi canción y mi vecino por su película (todo esto es un supuesto hipotético, no podrían determinar si realmente es cierto, también cabría la posibilidad de haberlo copiado de un amigo), ¿quién tiene derecho a interrumpir esa compartición que se ampara totalmente en los principios de la ley?

De todas formas, aunque ni yo mismo ni mi vecino hubiésemos pagado, la descarga ilegal es una consecuencia lógica del fin lucrativo que absorbió hace mucho tiempo a la producción cultural del país. Si la cartelera se compone de Mentiras y gordasA tres metros sobre el cieloAlicia en el país de las maravillasDos colgaos muy fumaos y demás mierdas comerciales, ¿cómo pretenden que no me posea un arrebato de culto cinéfilo y busque entre los grandes clásicos del cine en Internet? Y en portales como Seriesyonkis, es muyrepresentativo que la mayoría de series que se siguen sean de denominación extranjera. No es de extrañar cuando aquí, cuando no son ridículas e insulsas (Felipe y Leticia), no se emiten más de dos capítulos por contribución a la depresión nacional (Supercharlie, Las mujeres y el sexo débil). La mayoría pretende forrarse con un presupuesto minúsculo y con guionistascomo nuestra señora ministra, por lo que no se puede esperar otra cosa. De la SGAE ni siquiera merece la pena hablar, ya que su más reconocido exponente es Ramoncín, y eso lo dice todo. Eso sí, resulta curioso que de la imagen no se hable. De fotografías puedo descargarme una cantidad ilimitada, porque aunque tengan derechos de propiedad y yo las ponga de fondo de escritorio en todos los ordenadores de mi casa, reportan tan ínfimo beneficio que no merece la pena explotarlo…

Por esta razón, tampoco resulta tan descabellada la labor de RapidshareMegaupload. Que sí, que cuelgan contenidos sin licencia que pueden ser adquiridos por cualquiera sin remuneración, pero como decía el bueno de Lennon, quizá haya llegado el momento de dejar de ver la cultura como un negocio y enfocarla como una necesidad. Nadie recuerda ya las quejas de los propios cantantes que alegaban que el 90% de los ingresos se los quedaba la productora. ¿Realmente han obtenido con las ventas lo que les corresponde como creadores de pasiones, o les ha reportado mayor beneficio que cientos de personas tarareen sus estribillos en el Palacio de los deportes? Sigo confiando en que lo que mueva a los buenos cantantes sea lo segundo.

Y digo por experiencia que, aunque firme todas las fotografías que cuelgo en Flicker, para mí sería más un halago encontrar que alguien se atribuye alguna como autor, que un motivo para demandarle. Quizá este cambio de mentalidad sea la única forma de transmitir que no todos estamos conformes con lo que se nos vende ni cómo se nos vende; que una buena película querremos tenerla en la estantería del salón y que un buen disco, con sus 11 canciones decentes y no un single y 10 de relleno, seguirá siendo un buen regalo navideño.

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